Por Carmen F. Aguinaco
Cuentan la historia de un granjero muy tacaño que no quería que los animales comieran granos de su granja, ni siquiera si se caían. Entonces decidió construir un espantapájaros. Puso dos palos de paja en forma de cruz, para hacer el cuerpo y los brazos, lo vistió de andrajos, le puso una cabeza de calabaza, una nariz de zanahoria, unos dientes de granos de trigo y ojos de granos de maíz. Y luego le puso un corazón de pera.
Al poco tiempo, empezaron a llegar por allí pájaros, gallinas, conejos hambrientos. Y el espantapájaros, poco a poco, les fue dando todo lo que tenía. Luego llegó una familia pobre que tenían hambre y frío y se llevó la calabaza y los andrajos. Entonces llegó el granjero y se indignó al ver que el espantapájaros lo había perdido todo. Tomó la pera del corazón y se la comió. Y su corazón avaricioso y tacaño, cambió al punto. Desde entonces, recibió a todos con alegría y generosidad.
Hay otra historia sobre lobos. Dicen que un joven nativo americano fue a su abuelito y le dijo, preocupado: “abuelo, dentro de mí hay dos lobos. Uno es bueno y quiere servir a los demás y dar con generosidad. El otro está amargado, quiere venganza por todo el mal y está resentido. ¿Cuál crees que va a ganar?” Y el abuelo le respondió: “Aquél al que alimentes.”
Una tercera historia nos habla de un águila que creció en un corral de gallinas. Toda su vida estuvo convencido de que era una gallina, como las demás. Un día vio volar a un águila, y pensó cuánto le gustaría hacer lo mismo. Pero, como estaba convencido de que era gallina y no podía volar, se quedó en el corral.
Estas tres historias expresan fuertemente el sentido de nuestra vida. El espantapájaros perdió todo lo que tenía, pero hizo el bien a quienes les rodeaban y pasó un legado de generosidad a alguien que sólo había visto ambición y avaricia en su vida.
El joven nativo podrá decidir alimentar con bondad a ese ser bueno que lleva dentro y matar de hambre al lobo resentido, amargado y vengativo. Por su parte, la historia del águila nos desafía a no tener miedo y a ser todo lo que estamos llamados a ser Para todo eso se necesita audacia, generosidad, esperanza y búsqueda del bien.
Eso es lo que hacen los voluntarios con el tiempo que entregan por el bien y para el servicio de los demás. Puede parecer que algo tan gratuito no beneficia a la persona que lo hace. Podría parecer que a veces es mejor la venganza, la lucha, el dar rienda suelta a los motivos que tenemos de ira. Y podría parecer también que quedarse en casa tranquilos es mucho más cómodo y seguro. Las historias, sin embargo, nos cuentan algo mucho mejor: más generoso, más arriesgado y más valiente.
¿Qué vas a hacer? ¿Te sientes a veces llamado a hacer algo pero te dices que es demasiado dar, o que no tienes la fuerza y la valentía para hacerlo?