Por Mons. Arturo Bañuelas
Vengo de la frontera y veo muchas cosas dolorosas ahí. Y también muchas mentiras sobre los inmigrantes y la inmigración. A pesar de todo, me siento optimista, porque sé que es nuestro momento, el momento latino. Estamos llegando a la mayoría de edad y queremos ayudar a modelar una nueva nación: más justa, igualitaria y libre para todos los ciudadanos y en especial para los más pobres.
Pero tendremos que hacerlo al estilo latino, arraigados en una nueva visión que heredamos de nuestros antepasados indígenas, que decían: “Tú eres mi otro yo”. Esta es una visión profundamente espiritual de la vida, un programa económico para la justicia, una solución cultural para la paz y una reforma auténtica para la dignidad humana.
Tú eres mi otro yo es el estilo latino. Estamos ligados unos a otros. O permanecemos juntos en pie, o caemos todos. Los unos somos los otros y tenemos que ayudarnos mutuamente. Nuestros antepasados nos lo enseñan: si te desprecio, me desprecio. Y si promuevo el bien en ti, promuevo el bien en mí y en todos los demás.
Nuestros padres, madres y abuelos siempre nos han enseñado lo que nos enseña Cristo: que fuimos creados buenos y para el bien. Cuando vemos la vida en esta perspectiva decididamente latina, descubrimos que hay más gente buena que mala en el mundo y que el mundo, en realidad, avanza hacia la unidad. Esta es la buena noticia latina.
El Mons. Bañelas junto a Carmen F. Aguinaco y Bill Sadlier Dinger después de su discurso en el Congreso Nacional Raíces y Alas 2010
Creo que nuestro significado más grande en la vida viene de nuestra solidaridad con los demás, especialmente los pobres que luchan entre nosotros. En tanto en cuanto no coman, no tengan cuidados de salud, una buena educación, una vivienda digna, no sean tratados con respeto y dignidad, todos nosotros permaneceremos incompletos como personas y como nación.
En un momento de tal propaganda, mentiras, pobreza, violencia, racismo y guerra; en este momento en que la vida humana parece tan barata, debemos proclamar que cada persona importa, que nos importa enormemente, porque “tú eres mi otro yo”.
Como latino de la frontera tengo razones para sentirme optimista sobre la vida y sobre nuestro futuro porque en nosotros llevamos este profundo deseo latino de vivir nuestra unidad concedida por Dios: al final de todas nuestras luchas humanas veremos que es nuestra unidad lo que triunfará sobre las mentiras, las divisiones, el odio y el racismo. Al final la gloria irá a quienes sepan cómo encarnar el “tú eres mi otro yo”.
El muro inmoral en nuestra frontera y en el corazón de nuestra nación está causando un daño moral al alma de la nación. Dice que hemos dejado soñar en la posibilidad de ayudarnos unos a otros como seres humanos en la tierra de los libres.
Éste es un momento histórico para nosotros. Nunca hemos estado tan cerca de una reforma migratoria y no nos apartaremos ahora. He visto en los rostros de latinos de todo el país que estamos dispuestos a mostrar nuestra decisión nuestra convicción y nuestra dedicación a los inmigrantes y a la reforma. Queremos hacer lo que haga falta porque creemos profundamente que la justicia triunfará sobre el odio, que el amor conquistará al racismo y que una compasión común vencerá a las mentiras. Creo todavía en el sueño de una América mejor y más justa para todos. La esperanza corre por nuestras venas y la causa de la reforma vive en nuestros corazones. Somos un pueblo orgulloso y lleno de una gran fe y esperanza y queremos compartirla con ustedes.
Para la reflexión
¿Habías pensado alguna vez en ese dicho de nuestros antepasados, “tú eres mi otro yo”? ¿A qué te desafía en tu vida diaria? ¿Cómo describirías tú al pueblo latino?
Tomado del discurso pronunciado durante Raíces y Alas 2010.