Un joven del siglo XIII, se distinguió por su piedad y le gustaba servir como monaguillo. Un día, volviendo de Misa de la catedral de Zaragoza de estudiar, fue apresado y martirizado. Sus restos se arrojaron al río Ebro, de donde se dice comenzó a emanar un extraño fulgor. El pueblo reconoció pronto al niño Dominguito como santo.
¿A qué ministerio te está llamando Dios? ¿Cómo respondes?