30 de agosto Reflexión - Dios me ha consagrado a llevar la buena noticia a los pobres.


Rabia, rabiña…los niños se irritan unos a otros dándoles envidia con cosas que tienen. Los mayores también lo hacen, mucho más sutilmente, claro está. Pero llega un momento en que las cosas ya no producen envidia. Lo que sí que sigue produciendo envidia es las cualidades, las buenas obras. La gente del tiempo de Jesús ve las cosas buenas que está haciendo y en lugar de alegrarse, se irrita, porque no las están haciendo ellos…Es grande y elegante el alma que se alegra de las buenas obras y los talentos, de la misión que Dios ha confiado a las personas, aunque a ella no le hayan tocado esas cosas sino otras.

¿Sientes a veces rencor porque otros tienen cualidades o capacidades que tú no ves en ti mismo? ¿Te ciega eso a ver lo que Dios te ha dado a ti y cómo te llama?
 

 
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