Por Sandra Navarro
Cuando en un mismo lugar se reúnen cientos de milesde jóvenes de razas y colores diversos y de diversas lenguas, y saben que todos están diciendo lo mismo, hay Iglesia. Y eso es lo que quiso Juan Pablo II cuando inició las Jornadas Mundiales hace ya varias décadas. Pero el ofrecer al mundo un espectáculo impresionante, colorido, vivo y
lleno de esperanza, con ser magnífico en sí mismo, no es el todo de esta Jornada. Lo principal es el encuentro personal con el Cristo vivo: un encuentro personal e íntimo, que se da, paradójicamente, en medio de una multitud. Porque la multitud, según se experimenta en estos momentos, es un solo y único cuerpo. Y es el Cuerpo de Cristo.
Llegar a Madrid en agosto de 2011 no es fácil, dada la situación económica internacional. Muchos han tenido que hacer miles de esfuerzos y sacrificios para poder participar: vender comida en la calle todos los días, hacer rifas, subastas de ropa, zapatos, etc., privarse de vacaciones, de ropa nueva, o de salidas con amigos y recaudar fondos por medio de conciertos y otros eventos. Pero merece la pena el esfuerzo.
Los jóvenes que han acudido a una Jornada Mundial saben muy bien que al final, nada es igual que era. Su vida ha cambiado. Algunos encuentran la llamada personal y particular de Cristo en sus vidas. Todos saben que tienen un gran desafío delante: “ser artífices de paz, promotores de justicia y animadores de un mundo más humano”. “Ser los cristianos que el mundo necesita hoy”, “ser testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero”, como lo dijeron los obispos españoles en su invitación a los jóvenes de España a
participar a la JMJ. Es también el desafío que les lanza el Papa Benedicto XVI.
Lo bonito es que todo esto ocurre en un contexto de celebración, de fiesta y alegría y de mucha diversión. Además de las catequesis, los momentos de oración y las peregrinaciones a santos lugares del país, hay conciertos, bailes, representaciones teatrales y juegos…organizados y espontáneos.
El culmen de la semana es el encuentro con el Papa. Es uno de los momentos más emotivos por ser el símbolo de ese ser iglesia que se experimenta. Pero antes de este momento, hay otros momentos de oración muy impresionantes, como el Via Crucis o rezo del Rosario Universal. Durante los momentos previos a la Vigilia en Cuatro Vientos (el antiguo aeropuerto madrileño que alberga el evento) hay un rosario diciendo cada avemaría en una lengua distinta; toda una vuelta al mundo con María.
Como dice el lema de este año, y comenta Benedicto XVI, toda esta experiencia “nos arraigará y edificará en Cristo y convertirá nuestra fe en una roca firme, sobre la que se asiente nuestra vida”. Y esto, no es una llamada solamente para los jóvenes presentes en Madrid, sino para toda la iglesia, un cuerpo por todo el mundo.
Tu Turno
¿De qué maneras te has encontrado con Jesús? ¿Cómo te ayuda saber que hay muchos otros jóvenes por el mundo que buscan la misma experiencia?