¿Y cómo se ve un misionero?

 
 Por Crystal Catalan

“¡Pero si eres muy joven para ser una misionera! ¿Pues cuántos años tienes?” En más de una ocasión, he tenido que contestar este tipo de preguntas, cuando la gente me pregunta acerca de mi vida e identidad como misionera. Pero usualmente en estas conversaciones, la persona con la que estoy conversando me dice: “¡Pensé que estabas estudiando en la ciudad de Baguio!” Y no es por el hecho de que paso desapercibida con los estudiantes de la preparatoria  o universidad, sino que me dicen que ¡no parezco misionera!

Después de escuchar un comentario específico en más de cuatro ocasiones en los nueve meses que he estado aquí en misión, fue curioso descubrir la mentalidad que esta sociedad comparte con respecto a la identidad de los “misioneros”.  Después de contestar audazmente a sus preguntas con otra pregunta como: ¿Pues entonces cómo piensas que debe verse un misionero? Las respuestas que escuché fueron: “más mayor”, “como una monja o sacerdote” o, “como alguien que va de puerta en puerta con una biblia en la mano diciéndome cómo salvarme”.

Por las respuestas que recibí estaba claro que  yo no encajaba en la descripción. Pero está bien porque aprendí que no existe una descripción universal para un misionero. Y en mi experiencia, esta descripción no debería desanimar a nadie de su llamado a servir en esta causa.

Hay parejas misioneras casadas, solteras, religiosos,  de todas las culturas, trabajando en sus respectivos ministerios, iglesias y comunidades, algunos trabajando en misiones domesticas en estados unidos, otros internacionalmente, alrededor del mundo. Claro que también a algunos misioneros se les llama a ir de puerta en puerta, a otros a trabajar en hospitales y, escuelas, algunos cargando una biblia, algunos vistiendo símbolos específicos que representan su misión – no todos los misioneros se ven iguales, ni todos tienen el mismo ministerio. Sin embargo lo que sí comparten, es la respuesta a su llamado con fe, pasión y convicción, y haciéndolo en comunidad con otros por medio de su ministerio.

Supongo que a algunas personas les sorprende saber los pros y contras de mi vida como misionera, y cada que tengo la oportunidad de desafiar su punto de vista en lo que significa y parece ser el servir como misionero, lo hago y lo considero una gran bendición. No cabe duda que con tantos programas de voluntariado disponibles y el incremento de comunidades religiosas patrocinando programas de misiones laicos para aquellos que sienten ese llamado a servir, la edad, cultura y ministerios de los misioneros seguirá siendo diversa.

Lo más importante es que por el bautismo hemos sido llamados a servir como misioneros del amor de Cristo y para propagar este gran regalo con otros. Independientemente de nuestra edad, orientación sexual, género o raza, sin importar a donde nos envíen en misión, y sin importar cómo lo vean otros, mi única esperanza es que cuando estemos en contacto con otros, reflejemos la imagen que Dios ha creado en nosotros y, sirvamos de la manera a la que hemos sido llamados.

 

 

 
Oprimir CTRL para varias opciones

Síguenos en: