Este santo francés del siglo VI tuvo tanto deseo de ser monje que pidió que si no lo admitían como monje, lo dejaran entrar como sirviente. Al poco tiempo lo nombraron ecónomo y se dice que siempre reservaba alimentos para los pobres. Como resultado, los demás monjes lo criticaron y persiguieron. Entonces decidió renunciar a su cargo y hacerse ermitaño. Algo más tarde, los frailes lo convencieron para que regresara a la abadía y asumiera el cargo de abad. Por unos años lo hizo, mejorando mucho la vida espiritual del monasterio, pero al tiempo, decidió regresar a su soledad. Pero la fama de su santidad se extendió y llegaron tantos discípulos a verle, que tuvo que fundar un monasterio en el lugar de su ermita.
¿Cómo respondes a las críticas? ¿Cómo escuchas las diversas circunstancias de la vida que a veces te hacen cambiar de planes?