Parece que llamaba la atención de niño, no por hacer cosas extraordinarias, sino por hacer todo lo mandado perfectamente bien. Estudiaba, oraba, jugaba, con toda intensidad y dedicación. Era sencillo, humilde y compañero fiel. Se hizo sacerdote jesuita y empezó a predicar en misiones rurales. Alguien dijo de él que no tenía más que a Dios dentro de su alma, en su boca, y ante sus ojos.
¿Qué tienes tú en tu alma, boca, ojos, y corazón?