Era hijo de una familia de la nobleza y muy inteligente. Su tío era arzobispo de Colonia, en Alemania y fue quien lo introdujo en la carrera sacerdotal, con toda clase de beneficios materiales. Vivía muy bien y con toda clase de lujos y relajación, cuando se vio un día en medio de una terrible tormenta y empezó a pensar en el sentido de su vida. Se arrepintió de todos sus excesos y escándalos y dedicó el resto de su vida a predicar el camino recto. Fundó una Orden monástica y apostólica.
¿Alguna vez te has dado cuenta de que el camino en el que estabas no tenía en realidad un gran sentido? ¿Has rectificado alguna vez?