Las clarisas se hacen obreras

Por Elisabeth Román

Todos los fines de semana María y Mercedita viajan hacia el Sur en su automóvil por casi dos horas, desde Río Grande, Puerto Rico donde viven cerca del bosque nacional El Yunque, a la ciudad de Ponce, donde se encuentra el Monasterio de las Clarisas. Situado en el corazón de la ciudad sureña de la isla, en una calle que lleva su nombre, Las Clarisas, el monasterio está en una urbanización abigarrada, rodeado de casas, ruido y tráfico. Parece un lugar poco apropiado para su vida monástica contemplativa.

Aunque las Clarisas han hecho voto de pobreza y viven casi exclusivamente de los donativos que reciben, han conseguido adquirir un terreno del gobierno local, al lado del Santuario de Schoensttat en el pueblo de Juana Díaz, donde piensan construir un monasterio, capilla, y casa de retiros. Así que cada sábado por la tarde, María y Mercedita pasan a buscar a la Madre Superiora María del Pilar, a las hermanas Regina y Refugio, que acaba de celebrar sus bodas de oro de sus votos, y a otras Clarisas y pasan todo el fin de semana visitando parroquias en la Arquidiócesis de San Juan, recaudando fondos para construir un nuevo monasterio. Las hermanas también generan fondos para apoyar el monasterio cosiendo ornamentos litúrgicos a mano, incluyendo casullas, estolas, manteles de altar y corporales.

En parte de su terreno de 10 acres, las Clarisas quieren dar rienda suelta a su amor por la naturaleza plantando jardines y árboles frutales, particularmente los que se consideran especies en peligro. También van a plantar un gran jardín de rosas que usarán para la capilla. Se espera que los jardines se conviertan en un lugar de contemplación donde las Clarisas puedan reflexionar y orar en presencia de la creación de Dios.

La comunidad fue fundada en la ciudad de Granada, Nicaragua, en un lugar muy pobre del país. Siete hermanas dejaron su monasterio en México cuando el obispo de Granada fue a visitarlas y les habló de la difícil situación del país y su falta de sacerdotes. En septiembre de 1995 el obispo de Ponce expresó la necesidad de hermanas religiosas en su diócesis. Monseñor Fremiot Torres Oliver les dijo que “pensaran seriamente sobre ello y pidieran luz al Señor para discernir”. Pero para octubre, él mismo estaba pidiendo urgentemente nombres de hermanas a las que el Señor llamara a venir a Puerto Rico. De nuevo siete hermanas—cuatro de México y tres de Nicaragua—siguieron la llamada a Ponce y así nació una nueva comunidad.

Aunque han pasado por muchas dificultades, las Clarisas insisten en que la providencia de Dios siempre está con ellas. Para más información sobre las Clarisas y cómo ayudarlas a construir su monasterio, visita: hermanasclarisasponce.org

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