Dios llama de maneras distintas

Por Carmen Aguinaco

¿Te han pedido alguna vez que hicieras algo, pero luego no te han prestado ayuda para realizarlo? Eso nunca pasa con Dios.

¿Te han pedido alguna vez algo que te parecía imposible de realizar? ¿Sientes que no vas a poder, porque no tienes la capacidad, la edad, o las cualidades que piensas que se necesitan? Eso casi siempre ocurre así con las llamadas de Dios.

Dios siempre llama, en muchas maneras distintas. No todas las llamadas son iguales, y algunas son difíciles de reconocer. Pero, cuando llama, Dios siempre promete estar presente y apoyar la misión para la que se llama a la persona. Esta promesa bíblica es la garantía de que, por muy débil o limitada que parezca la persona llamada, siempre va a contar con una fuerza mucho más grande que la suya: la fuerza de Dios.

Encontramos en la Biblia muchos casos de llamadas a personas que, según todas las expectativas humanas, no parecen los más adecuados para llevar a cabo su misión. Veamos algunos ejemplos:

Abraham. Ni siquiera creía en el Dios único cuando Dios lo llama. Dios le dice que salga de su casa y de su país. A cambio, le promete que le dará una descendencia inmensa (lo gracioso aquí es que Abraham era ya viejo… ¿qué descendencia iba a tener?). Pero Dios le promete que estará con él y Abraham cree y confía. Y sale de su país.

Moisés
. Después de haber sido educado como príncipe en la corte del Faraón, tiene que salir del palacio porque se enfrenta con las costumbres abusivas de los egipcios. Y cuando está tan tranquilo cuidando los rebaños de su suegro, le llega la voz de Dios de sacar a su pueblo de la esclavitud. Moisés es tartamudo y además, no  cualquiera se enfrenta de nuevo a los egipcios. Pero Dios le promete que estará con él y Moisés cree y confía. Y dirige a su pueblo.

Débora. Era una profetisa que era juez de Israel. Dios le pide a Barak que dirija a su pueblo en batalla contra sus enemigos y Barak se niega a ir a no ser que Débora vaya con él. Débora es una mujer y en ese tiempo las mujeres no entraban en un ejército y mucho menos en una batalla. Pero Débora cree en la llamada de Dios y confía. Y va con Barak.

Samuel. Era un niñito que estudiaba en el Templo. Varias veces en una noche escucha una voz que le llama y al fin responde: “Aquí estoy, Señor. Habla, que tu siervo escucha”.  Dios le promete estar con él y le va a encomendar el dirigir a su pueblo. Y Samuel cree y confía.

Isaías
. Se siente indigno de la llamada de Dios. No se siente puro y no se siente con fuerzas. Pero cuando Dios pregunta, ¿a quién enviaré para transmitir mi palabra y mi justicia?, Isaías cree y confía y responde: “Aquí estoy, Señor. Envíame”.

Jeremías.
Otro profeta, era apenas un niño y pensaba que no sabría hablar cuando Dios le pide que vaya y profetice por él. Cuando Jeremías alega que no sabe qué decir, Dios le dice que pondrá las palabras adecuadas en sus labios. Y Jeremías cree y acude a la llamada.

María. Era una joven prometida para desposarse con José. Un día le llega un anuncio de que será Madre del Salvador. ¡Era imposible! No estaba casada y no había tenido relaciones. Pero Dios le promete estar con ella, cubrirla con la sombra del Espíritu. Y María cree y acepta. Por ese sí de María puede venir Dios al mundo.

Simón y su hermano Andrés. Andaban arreglando sus redes. Eran sólo unos pescadores cuando Jesús los llama a una misión mucho mayor. Hombres rudos y sin demasiada capacidad, confían en la presencia de Jesús con ellos, y dejan sus redes para dedicarse a la misión de Jesús.

Podríamos seguir y seguir con muchos más ejemplos de llamadas de Dios. Ni edad, ni género, ni limitación física ni de educación parecen obstáculo. Y no lo parecen porque a través de todas esas limitaciones que, para la gente normal parecen imposibilidades, brilla y se manifiesta el poder de Dios. No siempre es fácil responder, pero el resultado de la respuesta y el seguimiento siempre es un bien para alguien. Da frutos que parecerían imposibles (y lo serían sin la llamada y la acción de Dios) en esas personas llamadas. Y si es acción de Dios, ¿puede haber alguna excusa para no acudir?

¿Qué limitaciones alegas para no responder a una llamada a la acción que estás sintiendo hace tiempo?
   
 

 
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