Un corazón libre

Por: Laura Müller 


Esclavo yo? ¡No! Vivo en un país que profesa la libertad como uno de los grandes derechos de sus ciudadanos. ¿Esclavo yo? ¡No! Tengo la libertad de decidir qué ponerme cada mañana y elegir lo que deseo hacer durante el día. ¿Esclavo yo? Para nada, si entro y salgo cuando me viene en gana. ¿Esclavo yo? Yo no soy esclavo; yo hago lo que me place, porque es mi derecho.

El ideal de libertad en Estados Unidos es algo por lo que se ha luchado por generaciones. Este
también impulsó la erradicación de la esclavitud y la desigualdad de derechos civiles que durante muchas generaciones azotó a nuestros hermanos afroamericanos; pero, ¿qué hay sobre la posibilidad de que al presente seamos esclavos de una espiritualidad opacada?

El Papa Francisco se dirigió a los jóvenes de Paraguay, en su primera visita a América Latina, definiendo la libertad como un regalo que Dios nos da; pero dejó muy claro que ese regalo hay que saberlo recibir y, para poder tenerlo, se requiere un corazón libre. ¿Qué puede atar al corazón? El Papa no habla de la esclavitud física, olvídate de esa esclavitud de cadenas y grilletes; nos habla de la esclavitud emocional y espiritual. Sin darnos cuenta, muchos de nosotros hemos caído en esa peligrosa e invisible forma de esclavitud que nos ata el corazón y nos vuelve esclavos de la explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza… pero entonces, ¿qué significa tener un corazón libre? Según el Papa Francisco, un corazón libre es aquel que pueda decidir lo que piensa, que pueda decidir lo que siente y pueda hacer lo que piensa y lo que siente; ese es un corazón libre.

¿Tengo yo un corazón libre? ¿Quieres descubrirlo? Realicemos juntos este ejercicio de reflexión. ¿Te has convertido en un esclavo de la comodidad? Cuando tu mamá te pide que vayas a la tienda cercana, ¿decides llevar al automóvil? ¿Prefieres quedarte en casa que visitar a tus abuelos porque no tienen WiFi? ¿No vas al grupo juvenil porque no hay refrigeración en la iglesia y odias el calor? El mundo actual nos enseña a vivir sin sacrificio, a tener todo a la mano y en el momento preciso en que lo deseamos. La paciencia parece ser ya un don para los tontos. La loca idea que nos dan los medios de comunicación es que todo debe ser express, fácil y de rápido acceso. Nos han hecho olvidar que Jesús nos enseñó con su palabra y su ejemplo la grandeza y el valor del sacrificio. ¿Sabías que el sacrificar tu comodidad es un ejercicio para fortalecer tu espíritu? De ahí que Jesús promovía el ayuno y el servicio al prójimo. El dejar la comodidad a un lado me invita a ver por los demás y no solo por mí mismo. Entregar lo que he recibido al servicio de los demás me abre la puerta a la felicidad espiritual.

¿Eres esclavo de los vicios? Muy probablemente en este momento estás pensando: no, de eso no soy esclavo; yo no fumo marihuana, no le hago a la cocaína y a la cerveza solo le entro cuando hay parrilladas. Esos, sin duda, son vicios, pero no los únicos. ¿Puedes pasar un día entero sin revisar tu Facebook o Instagram? ¿Pones atención a la conversación de tus papás en la cena o prefieres estar revisando quién te escribe por WhatsApp? Estos nuevos vicios tecnológicos pueden volverte esclavo de una vida cibernética que te aleja de la realidad y, lo más importante, de tu relación con tu familia y entorno cercano.

¿Eres esclavo o eres libre de corazón? Como nos explica el Santo Padre, “nos convertimos en esclavos de nosotros mismos al creer que la libertad es hacer lo que me gusta en cada momento”. La libertad de corazón se encuentra en el servicio, la solidaridad, la esperanza, el trabajo, así como en luchar y salir adelante.

Para dejar la esclavitud espiritual hay que seguir un plan contracorriente. La libertad y la felicidad conllevan tener la capacidad de afligirse por el dolor y las necesidades de los demás. Unámonos al Papa Francisco y digamos como él: “Jesús, enséñanos a soñar, a soñar cosas lindas, cosas que aunque parezcan cotidianas son cosas que engrandecen el corazón. Señor Jesús, danos fortaleza, danos un corazón libre, danos esperanza, danos amor y enséñanos a servir”.

 
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