Fue el segundo de 18 hermanos de una familia francesa. Su padre tenía un temperamento muy brusco que él heredó, pero contra lo que luchó toda su vida. Estudió con los jesuitas y empezó a cultivar mucha devoción por María. Al ser ordenado sacerdote, quiso ir a misiones, pero sus superiores le dijeron que tendría que hacer su misión en su propia patria, acosada en aquel momento por varias herejías. Una de sus preocupaciones fue el cuidado de los enfermos. Fue capellán de grandes hospitales. Tuvo muchas dificultades, pero siguió adelante. Fundó, junto con sus amigos, la Congregación de Sacerdotes de la Compañía de María.