¿Por qué la drogadicción en los jóvenes?

Por Marco Cárdenas, C.M.F.


De antemano me gustaría considerar que la drogadicción no es tan solo un comportamiento o un vicio, sino una enfermedad que consiste en la adicción o dependencia a ciertas sustancias tóxicas para el organismo, las cuales afectan en distintos grados el sistema nervioso central, al igual que varias de las funciones cerebrales. Estas sustancias producen efectos a nivel fisiológico y psíquico, que se manifiestan en alteraciones del comportamiento, de las emociones, del juicio y de la percepción del medio ambiente que nos rodea. Es una enfermedad crónica (que evoluciona), progresiva y mortal.

A medida que la persona adicta consume más drogas o alcohol, tiene más riesgo de morir por una sobredosis, en un accidente, en algún pleito, o de cometer suicidio. El fenómeno de la drogadicción no es exclusivo de un grupo o estrato social, económico, cultural o étnico determinado. En general, el uso de drogas corresponde a un afán de huir de la realidad, ya que estas proporcionan una vía de escape, un alivio temporal e ilusorio a los problemas personales, familiares o sociales. Las causas y factores son muchas y variadas; a continuación algunas de ellas.

Factores sociales

En la actualidad, existe una amplia disponibilidad de drogas, legales e ilegales, lo que facilita el acceso y el consumo de las mismas; legales como tranquilizantes, somníferos, hipnóticos, etc. se pueden conseguir en las farmacias sin receta médica. Además, el amplio tráfico y distribución ilegal de drogas hace que sea fácil obtenerlas.

También existe mucha desinformación en el tema de las drogas. Algunos sectores proponen la
despenalización e incluso la legalización del uso de drogas como la marihuana y la cocaína, argumentando que no son peligrosas o al menos no más que el tabaco o el alcohol, que son legales; y que al legalizar la droga y eliminar el tráfico ilícito, por consiguiente, las mafias cesarán de existir, al igual que el trafico de las mismas.

El ansia del joven de pertenecer a un grupo, de sentirse parte de un círculo social determinado, y las presiones por parte de los amigos influyen enormemente para que el joven se vea involucrado en el consumo de drogas.

Factores familiares

Estudios clínicos nos muestran que los hijos de padres fumadores, bebedores o tóxicodependientes son más propensos a usar drogas que los hijos de padres que no lo son. El ambiente familiar demasiado permisivo, donde no exista disciplina o control sobre los hijos; demasiado rígido, donde los hijos son sometidos a un régimen demasiado autoritario o son sobreprotegidos; familias divididas o destruidas; las continuas peleas de los cónyuges frente a los hijos; y la falta de comunicación entre hijos y padres, todos éstos son factores que contribuyen enormemente a crear un clima de riesgo, donde la droga puede convertirse fácilmente en una válvula de escape. Está comprobado que el uso de drogas por parte de jóvenes es menos frecuente cuando las relaciones familiares son saludables.

Factores individuales

Algunas personas las usan como medio para compensar frustración, soledad, baja autoestima
o problemas afectivos. Lo malo es que es una ilusión y luego que el estado de euforia pasa viene la frustración, lo que lleva a la persona a recurrir nuevamente a la droga. Tampoco debemos omitir a aquellos jóvenes que se inician en la adicción por curiosidad; por lo tanto, es importante que los padres de familia se preparen para hacer frente a este problema, desde el seno del hogar.

Recuerden que hasta ahora no existen vacunas contra la droga ni soluciones mágicas, solo los valores y normas familiares opuestos al uso de drogas, con un fuerte vínculo entre padres e hijos y una comunicación abierta, promoverán un desarrollo saludable y reducirán las posibilidades de que los jóvenes recurran a las drogas.

Para reflexión de los padres

Como padres no deben confundir las metas con los compromisos; ser un buen maestro es una meta, ser buen padre es un compromiso. Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a superar a los demás, les enseñan a superarse a sí mismos. Los buenos padres no les resuelven los problemas a sus hijos, les enseñan a asumir responsabilidades y aprender de sus errores. Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a evitar los fracasos, les enseñan que los fracasos son parte del camino hacia el éxito. Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a ser críticos ni resentidos sociales, les enseñan a amar la paz y a construir la justicia. Como padres hagan que sus hijos los quieran hasta los 10, los admiren hasta los 20 y los respeten hasta la muerte. Los ejemplos son más elocuentes que los proverbios o los consejos.

 

 
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