Santiago y Viena eran personas humildes y sencillas, que deseaban mucho tener hijos. Al fin les llegó su hijo Francisco, que creció bueno y obediente. Pero tuvo una grave enfermedad y los padres prometieron que, si se curaba, lo entregarían a Dios. Y así fue. Lo llevaron a Asís. Por un tiempo estuvo contento en el monasterio, pero luego sus padres quisieron que regresara con ellos. Y así lo tuvo que hacer. Pero un poco más tarde pidió permiso a sus padres para retirarse a hacer oración. Luego se le unieron otros compañeros.
¿Sientes a veces que estás como encarrilado en algo porque tus padres o tus familiares así lo quieren o lo esperan de ti? ¿Amas eso, o preferirías otra cosa? ¿De qué maneras podrías sentirte más libre para seguir tu verdadera vocación?