Era un joven holandés, hijo de un noble. Cuando era aún muy pequeño, le pidió a su padre que le llevara a ser educado por san Gregorio, obispo de Utrecht. Estudió muy disciplinadamente y, cuando murió Gregorio, el nuevo obispo le pidió que se ordenara sacerdote. Predicó el Evangelio por todo el país, fundó monasterios y construyó iglesias. Ludger luego se hizo benedictino, pero salió del monasterio a petición del emperador Constantino, que le pidió que evangelizara varios países del norte de Europa. Fue ordenado obispo y más tarde fue acusado ante el emperador de gastar en lujos, cosa que no era verdad. Constantino estuvo a punto de creer los bulos, pero al ver a Ludger, se convenció de la bondad y santidad del obispo.
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