San Romano y san Lupicino eran dos hermanos franceses del siglo V. Eran muy distintos. Romano era duro para sí mismo, pero suave y amable con los demás, mientras que Lupicinio era duro para sí mismo y a menudo también para los demás. Pero en el fondo, amaba mucho a todos. Se animaron mutuamente, oraron juntos y se fueron acercando más y más a Dios.
¿Piensas que hay que tener una personalidad especial para que Dios llame a un camino concreto? ¿Qué cualidades tienes tú que podrías poner al servicio de los demás?