Era una joven hermosísima del siglo III, que sólo tenía un defecto: era cristiana y no quería casarse con el gobernador, que la pretendía. De hecho, ni con él ni con nadie, ya que pensaba que su camino era otro. El gobernador ordenó que la llevaran a una casa de prostitutas. No se consiguió que Ágata cambiara de vida o de costumbres. Ni tampoco las torturas. Ni la misma muerte.
¿Qué piensas que te podría mover a cambiar de vida o de creencias?