Llamada “madre de los irlandeses”, Brígida era una bella joven hija de un noble. Vivió en Irlanda en el siglo VI y desde muy niña quiso servir a Dios con todas sus fuerzas. Siendo todavía muy pequeña cuentan que iba a hacer encargos y, por el camino, entregaba lo que llevaba a los pobres. Tuvo que vencer la oposición de su padre para seguir su vocación como religiosa, pero, cuando lo consiguió, fundó un convento para que otras jóvenes también pudieran seguir su propia llamada.
¿Hay algo en tu vida que todavía no quieras entregarle a Dios? ¿Qué pasaría si lo hicieras?