Por Manuel Delgado E., CMF
Cada mañana, como auxiliar de gerencia de crédito hipotecario en mi banco, mi primer trabajo era revisar mi agenda de trabajo sobre las visitas a los clientes que estaban endeudados por los prestamos de los créditos adquiridos. Mi trabajo consistía en hipotecar los bienes de los clientes que no pudieran solventar el pago de su crédito. Hubo muchos momentos muy difíciles y siempre pensaba que este tipo de trabajo no era para mí.
Yo disfrutaba de un salario que podía cubrir mis gastos personales y permitirme las
comodidades que un joven de mi edad anhelaba tener. Pero llegaron momentos de duda y de toma de decisiones. Esto comenzó a surgir cuando fui invitado a participar en un grupo juvenil dirigido por sacerdotes Salesianos. Comenzó así mi otra agenda.
El ministerio estaba enfocado al servicio de las personas más pobres y abandonadas de la ciudad. Después de un tiempo de discernimiento, me cuestioné a mí mismo, ¿Qué es lo que Dios quiere de mí? Fue difícil comunicarles a mis papás mi decisión de entrar al seminario y el cambio que iba a tomar mi vida. Entré al seminario y después de tres años, decidí nuevamente emprender otra aventura como inmigrante a los Estados Unidos. Esta nueva vida no fue muy fácil, ya que durante mis primeros tres meses estuve sin encontrar trabajo, hasta que me llamaron para trabajar en una fundición de aluminio. Trabajando ahí, nuevamente Dios llamó a mi puerta y tomé la decisión de regresar a México para terminar mis estudios de Filosofía en la ciudad de Mexicali.
Ahí, trabajé en una parroquia y asistí a clases como laico en el seminario de dicha ciudad. Gracias a la experiencia que adquirí al ayudar a la gente pobre, vino a mi mente la frase “Aquí estoy Señor, toma mi vida y envíame”.
Fue así, que en mis vacaciones de semana de Pascua, viajé a Nogales, Arizona donde conocí por primera vez a un sacerdote misionero Claretiano, el Padre Richard Bartlett. Gracias a él pude contactar con los Claretianos en Chicago. Fue my difícil dejar mi patria y mi familia nuevamente. Así iniciaba una agenda misionera sin darme cuenta. Viví en diversas casas claretianas. Este año renové mis votos como religioso en Chicago y actualmente, impulsado por el fuego del Espíritu misionero, estoy respondiendo a mi nueva misión en la provincia de México, donde continuaré con mis estudios teológicos.
La mía fue una búsqueda de fe para que Dios me mostrara lo que yo debo hacer en este mundo con mi prójimo, lo que Él quiere que yo haga. Es decir, poner mis cualidades y talentos al servicio del reino de Dios, sabiendo que dependo de la agenda misionera de Dios. Como dice el apóstol Pablo: “el amor de Cristo
nos urge”.
Para la reflexión
¿Cómo es tu agenda de cada día? ¿Cuáles son tus planes para el futuro? ¿Crees que la agenda de Dios te lo podría cambiar todo? ¿Te da miedo que pueda ser así? ¿Qué es lo que más temes?
Manuel Delgado E., CMF está estudiando en el seminario en México.