Una serie de novelas policíacas muy populares presenta a esta chica investigadora que tiene una personalidad muy peculiar, algo punk o freaky. Ha tenido una infancia muy terrible, con un padre que maltrataba a su mamá. Por fin, ella decidió defender a su mamá rociando de un líquido inflamable al papá y prendiéndole fuego. Luego se hace investigadora y su estilo continúa siendo el mismo: a quien comete crímenes imperdonables, como el abuso sexual o violación, los despacha sin piedad y sin ningún signo de duda.
Algo en el lector o el espectador de la película se alegra con estas venganzas que se hacen totalmente justas. Pero ese es el mismo algo que en el ser humano busca el “ojo por ojo” del que Jesús habla tan fuertemente.
¡Es que los ofensores se lo merecían! Por supuesto que se lo merecían y la mayoría de la gente de esta sociedad se sentiría satisfecha por la retribución a las crueldades y perversiones de estos malvados. Pero, ¿no desafía Jesús ese sentido tan natural en nosotros con la llamada a dejarle la justicia a Dios?