Jornada Mundial de la Juventud - Catequesis 4-Parte 2

 

Jesús ofrece los signos del Reino: El perdón de los pecados y los milagros

 

Desde la vida
¿Qué te resulta más difícil perdonar? ¿Sientes a menudo la inclinación a tomarte la revancha por cosas que te han hecho? ¿Se te hace difícil perdonar las faltas de las personas de tu familia que, con sus acciones, están obstaculizando la felicidad de la familia o incluso su progreso? ¿Sientes que a veces te han herido muy profunda y personalmente incluso en tu propia dignidad o autoestima?

Cuando sentimos todas estas cosas y es difícil perdonar a veces también nos enfrentamos a nuestra propia limitación. Hay cosas que nos duele haber hecho, porque le han hecho daño a otros. Hay traiciones, pequeñas o grandes, que les hemos hecho a quienes queríamos, y nos hemos hecho a nosotros mismos. Cuando nos sentimos fracasados, limitados o traicionados…¿quién nos podrá brindar sanación y nos traerá de regreso a nuestra propia dignidad?

Dónde Jesús nos ofrece remedio para todo esto
Leer la parábola del hijo pródigo en Lucas.

Jesús es la misericordia de Dios hecha carne. Jesús nos muestra qué tipo de padre es Dios. Un hijo puede ser frágil y rebelarse contra su propio padre, despreciarle y marcharse de casa; puede extraviarse y caer en lo más bajo. Dios es un padre que respeta la libertad del hijo, por más que éste decida marcharse y alejarse de él. Dios es un padre que sabe esperar a su hijo y lo abraza a su regreso sin reproches ni castigo. Es un padre que perdona y celebra el regreso.

El amor misericordioso de Dios acoge siempre a todos.

Los signos de los milagros
A veces queremos ver signos, pruebas y muchas veces pedimos milagros en nuestra vida…aprobar un examen para el que no estamos preparados; encontrar algo perdido; la curación de alguien de una enfermedad…

Los milagros de Jesús no son simplemente pruebas de su poder, sino signos de que Dios está presente en nuestra vida y en nuestra humanidad. Muchos de los mayores milagros no son signos maravillosos ni sorprendentes, sino que se realizan dentro de nosotros mismos cuando nos sentimos curados de una amargura o resentimiento; cuando recobramos fuerzas para hacer algo que se nos hacía demasiado duro; cuando encontramos en nosotros mismos la sabiduría, la compasión o la luz para realizar obras de amor y no de venganza.

La Buena Noticia
Jesús nos revela en él la cercanía de Dios. Quedamos fascinados por el Maestro bueno en quien podemos encontrar lo que necesitamos. Al ser alcanzados por el evangelio, también quedan patentes nuestras limitaciones, las distintas formas de egoísmo que nos bloquean y esclavizan. Pero justamente en esto, lo sabemos, el Señor puede librarnos.

¿Buscamos realmente librarnos de las ataduras que nos impiden el bien? ¿Qué ataduras nos retienen, impidiéndonos avanzar por el camino de libertad que nos propone Jesucristo? 
 

 
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