El noviazgo es una herramienta imprescindible para construir un matrimonio y una familia. Muchos matrimonios fracasan porque no tuvieron un buen noviazgo ya que lo edificaron sobre arena. Es decir, construyeron un noviazgo con los elementos equivocados.
El noviazgo es la relación que un muchacho y una muchacha deciden iniciar porque creen que existen los elementos suficientes como para conocerse más íntimamente e intentar construir entre los dos una familia. El éxito de un noviazgo radica en que, después de un tiempo prudencial los novios puedan tener claridad sobre si es con esa persona con quien se unirán en el amor matrimonial para siempre.
En nuestro mundo actual los jóvenes viven muchas veces la soledad y la falta de afecto. Esto
hace que busquen el amor que llene ese vacío y esa soledad. Creen que el novio o la novia vienen a resolver gran parte de sus problemas. Piensan que, teniendo una pareja, van a resolver su problema afectivo. La inquietud, más que amar y compartir un proyecto, responde a la necesidad de sentirse querido. En este proceso de búsqueda de pareja, muchos jóvenes buscan, más que un novio o una novia, un papá o una mamá hechos a su medida y que responda a las necesidades afectivas y de protección que siente en ese momento.
Un gran problema para las relaciones de noviazgo está en la concepción que se puede tener de la pareja como un objeto a su uso, que sirve en tanto en cuanto responda a mi necesidad. Se acentúa el egoísmo, la persona se desvaloriza a sí misma y desvaloriza a la otra.
En el noviazgo es conveniente mantener la identidad de cada uno de los miembros de la pareja. Cada uno aporta lo mejor de sí para apoyar el proyecto de realización humana del otro, pero sin fusión. Un amor que por el simple hecho de saber de la existencia del otro es motivo para levantarse y seguir el camino emprendido. El verdadero amor lleva implícita la invitación a compartirlo con otros; no es para limitarlo a la pareja, sino para extenderlo a los más necesitados de la sociedad.
El noviazgo no es capricho o ilusión. No es confundir la emoción con los valores humanos. El noviazgo es amor y el amor viene de Dios. Por tanto nada que sea contra el amor y el proyecto de felicidad de Dios para con el ser humano es válido.
Es importante saber escoger la pareja. No es lo primero la belleza exterior. Esa pasa. Lo importante es la belleza interior. No es una aventura amorosa; es una llamada de Dios a vivir el amor en su dimensión humana y cristiana.
Las siguientes preguntas nos pueden ayudar a iniciar un buen noviazgo:
• ¿Me atrae físicamente?
• ¿Quiero comprometerme con él-ella, hacerme co-responsable de su vida?
• ¿Comparte conmigo el ideal de vida?
• ¿Podría amar a esta persona toda la vida siéndole fiel?
• ¿Me la puedo imaginar como parte de mi familia?
• ¿Amiga de mis amigos?
• ¿Mi pareja sexual?
• ¿Padre o madre de mis hijos?
• ¿Apoyo en los momentos difíciles?
• ¿Compartiendo mi vida, mi tiempo, mis ideas, mi intimidad, mi fe?
• ¿Como mi esposa o esposo?