Guillermo era un joven monje cisterciense que, sin importar lo difíciles o duras que fueran las cosas, siempre mostraba alegría. Le costaba trabajo aceptar alabanzas y la admiración de la gente. Simplemente, quería hacer la voluntad de Dios. Fue nombrado abad del monasterio y luego arzobispo. En su trabajo pastoral atendía personalmente a los pobres y enfermos. Celebraba la Eucaristía y predicaba la fe.
¿Cómo respondo a las alabanzas? ¿Y a las críticas?